A 5 AÑOS de la ÚLTIMA VICTORIA de MARULANDA

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26 de marzo, Día Internacional del Derecho de los Pueblos a la Rebelión Armada

Por: Mikel Koba. Especial para Tribuna Popular.

 

Marx señaló que la violencia es la partera de la Historia y entendió que la clase obrera y el conjunto de las clases explotadas pueden seguir diversas vías para tomar el Poder en función de las condiciones existentes.

Los pueblos de  América Latina han sido sometidos a la más inhumana de las violencias por parte de los feudales españoles y otros europeos. Esta forma de violencia es la que les permitió abatir formaciones sociales estatales centralizadas e imponerse sobre el conjunto de tribus y pueblos. La crueldad bárbara de los Pizarro, Hernán Cortes, Alvarado, Losada y otros criminales españoles instaura el principio de la violencia como rectora de la lucha de clases desde el siglo XVI.

El siglo XX es el apogeo de la violencia como forma de dominio en correspondencia con la llegada del capitalismo a su fase imperialista.

Lo sufrido por los pueblos de Guatemala, Nicaragua, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Paraguay, Brasil, México y también nuestra Venezuela es fácilmente equiparable a las tácticas empleadas por el ejército alemán en sus conquistas del Este europeo.

Los pueblos originarios, los negros y chinos esclavizados, los campesinos mestizos, los explotados en general han recurrido a diversas formas de resistencia que han incluido la violenta cuando no había más remedio.

El derecho humanista, los pensadores desde la antigüedad y numerosos tratados que recogen posiciones progresistas reconocen el derecho a la autodefensa mediante la violencia frente a una agresión extranjera. Únicamente la ideología fascista puesta en pie por la “guerra contra el terrorismo” de Bush considera “terrorismo” el derecho de los pueblos a la autodefensa para incluso tomar el Poder y establecer un régimen social correspondiente a sus intereses fundamentales.

El principal enemigo es el imperialismo

El nacimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) corresponde enteramente a esta historia y al derecho de los pueblos a la autodefensa frente a la guerra desatada por la oligarquía conservadora contra el campesinado en 1945.

El paso de los dirigentes de los grupos liberales de autodefensa campesina a las posiciones del Marxismo-Leninismo no es un fenómeno únicamente colombiano sino universal. En China, por ejemplo, el fundador del comunista Ejército Popular de Liberación (EPL), Chu Deh, fue un antiguo miembro de las Sociedades secretas bien enraizadas en la vida rural. En el Cáucaso ruso las masas campesinas musulmanas entienden que sólo uniéndose al Ejército Rojo contra las tropas de los zaristas derrocados podrán defender su derecho a la tierra.

La particularidad colombiana es la construcción por parte de cuadros campesinos de gran capacidad  como Manuel Marulanda Vélez y cuadros provenientes del Partido Comunista como Jacobo Arenas de un verdadero ejército guerrillero capaz de sortear las sucesivas campañas de “cerco y aniquilamiento” lanzadas por la oligarquía desde la creación de las “Repúblicas” campesinas como la de Marquetalia.

La guerrilla adquiere gracias al comunismo una verdadera dimensión política y se plantea que la solución al problema de la violencia, de la explotación masiva del campesinado y de su expulsión por cuenta de los terratenientes y las compañías mineras y petroleras pasa por la toma del Poder. Esto la convierte en mucho más peligrosa para la oligarquía que con asesoría y apoyo del imperialismo estadounidense instaura un verdadero régimen contrainsurgente formalmente democrático pero en realidad una dictadura dominada por mafias.

Aquellos hombres sabían de la dificultad de la toma del Poder no ya frente a una oligarquía desprestigiada y a unas tropas regulares desmoralizadas sino frente a un imperialismo norteamericano que es quien entrena, arma y construye la fuerza militar enemiga.

Por la Paz con justicia social

Después del triunfo de la Revolución cubana en 1959 el imperialismo implementa una política en tenaza para frenar la Revolución formada, de un lado, por la represión violenta y, por el otro, por las políticas asistencialistas destinadas a paliar los mayores extremos de pobreza e injusticia susceptibles de transformarse en fuerza revolucionaria.

La incapacidad del Estado de liquidar un ejército guerrillero de amplia base campesina apoyado por sectores populares de las ciudades le aconsejó realizar negociaciones con las FARC en 1984. La oligarquía prometió paz y derecho a participar en el juego político. Las FARC junto a varias fuerzas progresistas aceptaron la invitación pero sufrieron el más cruel de los engaños. Miles de cuadros civiles y legales de todos los niveles y simpatizantes de la Unión Patriótica producto de aquellos acuerdos fueron masacrados con la complacencia del imperialismo que obviamente no acusó de “terroristas” a los verdaderos responsables: los altos jefes militares y de seguridad, la derecha y la oligarquía.

El pueblo colombiano perdió a algunos de sus mejores cuadros como Jaime Pardo Leal.

Las FARC volvieron a convertirse en una “fuerza de autodefensa” como en los años 50. De haberse desmovilizado por completo seguramente todos los guerrilleros hubiesen sido liquidados. También de no haber intervenido de forma masiva Washington con toda su tecnología militar de última generación, las FARC hubiesen barrido al ejército oligárquico.

Esta organización atravesó los duros años 90 siendo unas de las pocas que no claudicó en sus posiciones. Llegó al año 2000 con un programa de soluciones a los problemas nacionales y de fin del conflicto armado. Pero EEUU impuso como presidente al narcoparamilitar Uribe con la misión doble de aniquilar a la izquierda, armada o no, y de desestabilizar al gobierno del presidente Chávez. No consiguió ninguno de sus objetivos y en 2008 el veterano dirigente guerrillero Marulanda fallecía de muerte natural, que en las condiciones de ofensiva militar fue la última de sus victorias.

Se puede afirmar que la atención prestada por el imperialismo a frenar el avance de las FARC y otras guerrillas en Colombia le hizo aflojar su injerencia en Venezuela donde no esperaban sorpresas. Pero la sorpresa se la dio nuestro Hugo Chávez y cuando quisieron derrocarlo mediante el golpe de abril del 2002 ya era tarde.

Hoy las FARC asumen un esperanzador nuevo proceso de Paz pertrechados por las experiencias anteriores y educados en la astucia campesina y en altos principios por Manuel Marulanda.

La causa de la Paz con justicia social, tal como la concibió Marulanda, es justa y debe ser apoyada por toda la Humanidad progresista.

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