El chavismo después de Chávez

candidato-ivan_pinheiro-200x300
IVAN PINHEIRO  
Secretario General del
Partido Comunista Brasileño (PCB)  

Como dirigente comunista, no puedo darme el lujo de escribir reportajes o repetir lugares comunes sobre la Venezuela después de Chávez. Mi deber es ayudar a diseñar escenarios, llamar la atención sobre posibilidades y dificultades. Por eso, me atrevo a presentar aquí algunas impresiones y conjeturas, sobre la base de lo que vi, oí y sentí en Caracas cuando estuve allí después de la muerte de Chávez y las informaciones de que dispongo.
Es indiscutible que las masas pasaron a valorar aún más el legado de Hugo Chávez después de su muerte. No sólo por su carisma, sino por las conquistas sociales de los catorce años de su gobierno. Incluso aquellos que estuvieron indiferentes en algunos momentos, que dejaron de votar o ir a las manifestaciones de masas, parecen acordarse y concienciarse frente a los riesgos de perder esas conquistas.
Parece también evidente que Maduro, el 14 de abril, tendrá más votos que Chávez en las últimas elecciones de octubre. Otra razón es que, antes de partir para la eternidad, Chávez lo escogió públicamente como su candidato, en caso de su ausencia.
Esto también significa que, una vez elegido, Maduro, como él mismo ha dicho, no se podrá apartar ni un milímetro del ideario y de los proyectos de Chávez, so pena de que las masas tomen las calles, con consecuencias imprevisibles.
Maduro asumió como suyo el mapa del camino trazado en buena hora por Chávez, desmitificando la opinión común de que Venezuela es ya un país socialista, cuando en realidad vive un proceso de cambios de carácter nacional y democrático.
Maduro ha rescatado una importante declaración de Chávez, hecha recientemente cuando presentó el programa de “Gestión Bolivariana Socialista”:
“No nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo”.
Pero la unidad del chavismo después de Chávez, sobre todo entre los dirigentes del PSUV, sólo podrá ser conocida después de la elección de Maduro, quien también verá puesta a prueba su capacidad de neutralizar a la “boliburguesia” y de mantener el respaldo de las fuerzas armadas, hoy mayoritariamente progresistas y nacionalistas, en función del trabajo y del ejemplo de Chávez.
Otra cuestión decisiva será el debate propuesto a Maduro por el Partido Comunista de Venezuela, cuando el actual Presidente honró con su presencia en la Conferencia Política Nacional del PCV: ¿qué es el socialismo, esta palabra banalizada en todo el mundo? ¿Y qué se entiende por socialismo en Venezuela, en el siglo XXI?
Uno de los mayores desafíos de Maduro seguirá siendo aquel que Chávez no venció: la industrialización de Venezuela, para que deje de ser solo una economía rentista petrolera, promoviendo la sustitución de importaciones. Es preocupante pensar que los programas sociales bolivarianos son financiados por los beneficios del petróleo, el 96% de los ingresos del país.
Por otra parte, el mayor patrimonio dejado por Chávez para el avance del proceso es la concienciación del pueblo venezolano, que descubrió su fuerza, su historia, su cultura, sus derechos; que se descubrió antiimperialista y latinoamericano.
Pero es preciso reflexionar que la ausencia de Chávez se podrá sentir más en el tablero internacional. Maduro tendrá que superarse para, además de resolver los problemas internos, mantener el papel de Venezuela en América Latina y en el mundo: una relación fraternal con Cuba, los proyectos de integración soberana y solidaria (como ALBA y Petrocaribe), la solidaridad con los pueblos agredidos y amenazados por el imperialismo.
Además, es preciso recordar que, como en la máxima de Garrincha máximo sobre el fútbol, ¡en la lucha de clases el otro lado también juega!
En Venezuela, además de la nueva burguesía nativa, surgida de la propia naturaleza del proceso, la vieja oligarquía, que fue implacable contra Chávez, va a mostrar sus dientes bien tratados esta vez con sonrisas cínicas. Se acabó su discurso único: el odio a Chávez.
Esta vieja oligarquía se va a recomponer, a renovar su discurso, sus liderazgos. Lo primero es librarse de Capriles después de las elecciones, para no confundirse con su derrota, ciertamente aplastante, y su discurso de agitador de derechas, sin el discreto encanto de la burguesía, sin programa, sin propuestas.
Probablemente, los políticos profesionales de la oligarquía van a intentar acercarse al nuevo gobierno, influir en sus sectores más vacilantes, con el discurso de un pacto social, una unión nacional. El experimentado partido conservador COPEI ya hizo su primer gesto, ignorando a Capriles y legitimando con su presencia el reciente acto de juramentación de Maduro en la Asamblea Nacional. ¡Obama viene dando las mismas señales, saludando el “inicio de una nueva era en las relaciones EEUU -Venezuela”!
El imperialismo va a procurar aprovecharse de la ausencia de Chávez para tratar de desestabilizar los procesos de cambio en Bolivia y Ecuador y debilitar el socialismo cubano. El nuevo Papa Francisco será una pieza fundamental en esta empresa, tratando de robar el escenario con su discurso de padre de los pobres.
El gobierno de turno del estado burgués brasileño ya se mueve con la competencia de siempre. Haciendo evidente su frialdad en la toma de posesión de Maduro y en el funeral de Chávez, va a jugar todas sus fichas para convertir Mercosur en la única integración económica latinoamericana, bajo su hegemonía, con el vaciamiento del ALBA y del Pacto del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) y el retorno de Paraguay.
Hasta Santos –el presidente de Colombia que finge que no fue Ministro de Defensa de Uribe– va a participar de este juego. Paseó su descaro en el velatorio de Chávez, como si hubiera perdido a un gran amigo. Tiene un ojo puesto en el mercado interno venezolano y otro en procura socios para tratar de imponer a la insurgencia colombiana una paz de los cementerios.
La garantía del mantenimiento y el avance del proceso de cambios en Venezuela y de su protagonismo antiimperialista en el escenario mundial dependerá, en gran medida, de la fidelidad de Maduro al chavismo después de Chávez, pero se decidirá por la lucha de los trabajadores y proletarios de ese querido país.

[Traducción: Teodoro Santana]

O CHAVISMO PÓS CHÁVEZ

Ivan Pinheiro (*)

Como dirigente comunista, não posso me dar ao luxo de escrever reportagem ou repetir lugares comuns sobre a Venezuela pós Chávez. Meu dever é ajudar a desenhar cenários, chamar atenção para possibilidades e dificuldades. Por isso, ouso apresentar aqui algumas impressões e conjecturas, com base no que vi, ouvi e senti em Caracas quando lá estive após a morte de Chávez e nas informações de que disponho.

É indiscutível que as massas passaram a valorizar ainda mais o legado de Hugo Chávez depois de sua morte. Não apenas por seu carisma, mas pelas conquistas sociais dos quatorze anos de seu governo. Mesmo aqueles que estiveram indiferentes em alguns momentos, que deixaram de votar ou ir às manifestações de massa, parecem acordar e se conscientizar frente aos riscos de perder essas conquistas.

Parece assim evidente que Maduro, em 14 de abril, terá mais votos que Chávez na última eleição em outubro. Outra razão é que, antes de partir para a eternidade, Chávez o escolheu publicamente como seu candidato, no caso de sua ausência.

Isto também significa que, uma vez eleito, Maduro, como ele mesmo tem dito, não poderá se afastar um milímetro do ideário e dos projetos de Chávez, sob pena de as massas tomarem as ruas, com conseqüências imprevisíveis.

Maduro assumiu como seu o mapa do caminho traçado em boa hora por Chávez, desmistificando o senso comum de que a Venezuela já é um país socialista, quando na verdade vive um processo de mudanças de caráter nacional e democrático.

Maduro tem resgatado uma importante declaração de Chávez, feita recentemente quando apresentou o programa de “Gestão Bolivariana Socialista”:

“Não nos iludamos: a formação sócio-econômica que ainda prevalece na Venezuela é de caráter capitalista. O socialismo apenas começou a implantar seu próprio dinamismo interno entre nós. Esse programa é precisamente para garanti-lo e aprofundá-lo, direcionando para uma radical supressão da lógica do capital, que deve ir avançando passo a passo, mas sem diminuir o ritmo de avanço ao socialismo”.

Mas a unidade do chavismo pós Chávez, sobretudo entre os dirigentes e o entorno do PSUV, só poderá ser conhecida após a eleição de Maduro, que também terá testada sua capacidade de neutralizar a “boliburguesia” e de manter o respaldo das forças armadas, hoje majoritariamente progressistas e nacionalistas, em função do trabalho e do exemplo de Chávez.

Outra questão decisiva será o debate proposto a Maduro pelo Partido Comunista de Venezuela, quando o atual Presidente honrou o partido com sua presença na Conferência Política Nacional do PCV: o que é socialismo, esta palavra banalizada em todo o mundo? E o que se entende por socialismo na Venezuela, no século XXI?

Um dos maiores desafios de Maduro continuará sendo aquele que Chávez não venceu: a industrialização da Venezuela, para que deixe de ser apenas uma economia rentista petroleira, promovendo a substituição de importações. É preocupante pensar que os programas sociais bolivarianos são financiados pelo rendimento do petróleo, 96% dos ingressos do país.

Por outro lado, o maior patrimônio deixado por Chávez para o avanço do processo é a conscientização do povo venezuelano, que descobriu sua força, sua história, sua cultura, seus direitos; descobriu-se antiimperialista e latino-americano.

Mas é preciso refletir que a ausência de Chávez poderá ser mais sentida no tabuleiro internacional. Maduro terá que se superar para, além de resolver os problemas internos, manter o protagonismo da Venezuela na América Latina e no mundo: a relação fraterna com Cuba, os projetos de integração soberana e solidária (como Alba e Petrocaribe), a solidariedade aos povos agredidos e ameaçados pelo imperialismo.

Além disso, é preciso lembrar que, como na máxima de Garrincha sobre o jogo de futebol, na luta de classes o outro lado também joga!

Na Venezuela, além da nova burguesia nativa, surgida a partir da própria natureza do processo, a velha oligarquia que foi implacácel contra Chávez vai mostrar seus dentes bem tratados desta vez com sorrisos cínicos. Acabou seu discurso único: o ódio a Chávez.

Essa velha oligarquia vai se repaginar, renovar seu discurso, suas lideranças. A primeira coisa é livrar-se de Capriles após as eleições, para não se confundir com sua derrota certamente acachapante e seu discurso de agitador de direita, sem o charme discreto da burguesia, sem programa, sem propostas.

Provavelmente os políticos profissionais da oligarquia vão tentar se aproximar do novo governo, influenciar seus setores mais vacilantes, com a conversa mole de um pacto social, uma união nacional. O experiente partido conservador COPEI já fez seu primeiro gesto, ignorando Capriles e legitimando com sua presença o recente ato de juramentação de Maduro pela Assembléia Nacional. Obama vem dando os mesmos sinais, saudando o “início de uma nova era nas relações EUA-Venezuela”!

O imperialismo vai procurar aproveitar-se da ausência de Chávez para tentar desestabilizar os processos de mudança na Bolívia e no Equador e fragilizar o socialismo cubano. O novo Papa Francisco será uma peça fundamental nessa empreitada, tentando roubar a cena com seu discurso de pai dos pobres.

O governo de turno do estado burguês brasileiro já se mexe com a competência de sempre. Deixando evidente sua frieza na posse de Maduro e no funeral de Chávez, vai jogar todas as suas fichas para tornar o Mercosul a única integração econômica latino-americana, sob sua hegemonia, com o esvaziamento da Alba e do Pacto do Pacífico (México, Colômbia, Peru e Chile) e a volta do Paraguai.

Até Santos – o presidente da Colômbia que finge que não foi o Ministro da Defesa de Uribe – vai participar desse jogo. Passeou sua cara de pau pelo velório de Chávez, como se tivesse perdido um grande amigo. Tem um olho no mercado interno venezuelano e outro em procurar parceiros para tentar impor à insurgência colombiana uma paz dos cemitérios.

A garantia de manutenção e avanço do processo de mudanças na Venezuela e de seu protagonismo antiimperialista no cenário mundial dependerá em muita medida da fidelidade de Maduro ao chavismo pós Chávez, mas será decidido pela luta dos trabalhadores e proletários desse querido país.

* Ivan Pinheiro é Secretário Geral do PCB


PARTIDO  COMUNISTA  BRASILEIRO  –  PCB

Fundado 25 de Março de 1922

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Novedades. Guarda el enlace permanente.