LA CUARTA OLA CONTINENTAL Y EL NUEVO CONTRA-ATAQUE DE EEUU Y LAS DERECHAS

268971_535388389829547_778793902_n Venezuela bajo amenaza de desestabilización

(PONENCIA de Narciso Isa Conde en la Jornada Antiimperialista-Maracay, Venezuela 23 y 24 de mayo del 20013)

¡CHAVEZ SIEMPRE!

Vale el reconocimiento a los/as impulsores/as de esta iniciativa internacionalista, continuidad, ahora con el lema  ¡CHAVEZ SIEMPRE!, de aquellos magníficos encuentros políticos-teóricos titulados SOLO MARX y SOLO LENIN.

Procede ahora reflexionar sobre lo que hoy acontece, remontándonos de pasada a la evolución del formidable proceso de impugnación del orden neoliberal que ha tenido lugar en nuestro continente desde el ocaso del pasado siglo y en los albores del presente.

 

Desde los finales del siglo XX, América Latina y el Caribe han sido escenarios de una cuarta oleada de cambios políticos en dirección al rescate de la independencia, la modificación de las instituciones estatales (en el sentido de más democracia y participación popular) y en el terreno de las transformaciones sociales; expresándose ésta con diferentes grados de radicalidad por países.

 

Es la cuarta, si situamos la primera ola a finales de los años 50 y principio de los 60 (a raíz de la victoria de la revolución cubana y su formidable  onda expansiva), la segunda en ocasión de la victoria de Salvador Allende y la Unidad Popular y en el espacio del Cono Sur, y la tercera en el contexto de la revolución sandinista y el auge de las insurgencias centroamericanas.

 

Esta cuarta ola, todavía inconclusa, fue desatada por el zapatismo insurgente en Chiapas-México y, sobre todo, por la insumisión cívico-militar bolivariana en Venezuela; rápidamente convertida en la primera gran victoria popular, en medio de la hegemonía y los estragos sociales del neoliberalismo.

 

Su epicentro ha estado ubicado en el Norte de Suramérica, con flujos expansivos en dirección al Sur profundo y hacia Centroamérica, produciendo, en comparación con el pasado, un cambio espectacular en la correlación de fuerzas a favor de la independencia continental, de las reformas con vocación revolucionaria y de otras más limitadas, pero de corte antineoliberal.

 

La contraofensiva imperialista frente a esa ola latino-caribeña -después de derrotados sucesivamente el intento de golpe de estado y el paro desestabilizador de PDVESA en Venezuela-  tomó nuevamente cuerpo a raíz  del criminal golpe de estado en Honduras, del reforzamiento de la ocupación militar en Haití, de la imposición del el fraude electoral a favor de la derecha mexicana, de los triunfos de las fuerzas conservadoras en Chile, Costa Rica, Panamá, y del golpe institucional en Paraguay, ahora vertido hacia las urnas amañadas.

 

Sin embargo, en sus principales componentes y sus dinámicas fundamentales el proceso hacia la nueva independencia no pudo ser revertido con esos contra-ataques. Además de que las agresiones imperialistas-derechistas no pudieron aplastar la resistencia y la voluntad de cambio de nuestros pueblos expresadas a continuación en numerosos combates sociales, el curso progresista de los procesos en Nicaragua, Brasil, Uruguay, Argentina Venezuela… fue nueva vez confirmado en las urnas; mientras avanzaron los procesos integradores a través del ALBA, UNASUR Y CELAC, cada uno con su propio impronta.

 

Ese promisorio proceso no fue revertido, pero si frenado, lentificado.

 

Así, en  los últimos lustros la brega entre reformas y contra-reformas, revolución y contra-revolución, ha sido intensa; registrándose ascensos y descensos, avances y retrocesos, reveses y victorias, saltos significativos y estancamientos… con un saldo general positivo para los pueblos y para el proyecto de Patria Grande.

 

En está vertiente del análisis, antes de proceder a destacar algunos aspectos relevantes de la evolución posterior del proceso continental y del periodo crucial que estamos viviendo, creo pertinente traer aquí algunas consideraciones que hiciera aquí el año pasado en el Congreso Solo Lenin. Entonces insistí en estás consideraciones todavía vigentes:

 

“Es claro – afirmé- que en la vertiente reformas vs. contra-reformas de la nueva oleada de cambios continentales, los avances de las primeras son tan notables que han cambiado el mapa político latino-caribeño en detrimento del viejo dominio oligárquico-imperialista y de la nefasta hegemonía neoliberal, a favor de procesos reformadores (algunos con vocación antiimperialista y revolucionaria) o de regímenes reformistas (con moderado posicionamientos independientes).”

 

“En una gran parte de los casos –agregué- puede apreciarse la presencia determinante de nuevos sujetos políticos y sociales en función de Estados, unos con las viejas instituciones casi intactas y otras con nuevas instituciones entremezcladas con viejas. Diversas son las correlaciones de fuerzas en lo relativo a los llamados poderes temporales y permanentes de sus respectivos Estados y sociedades y disímiles sus direcciones políticas, partidos y movimientos en la gestión de los cambios y avances.”

 

“Esa realidad –enfaticé- ofrece como resultado inconcluso un balance precario en lo relativo a la dialéctica a favor de las revoluciones de orientación socialista.

 

“Las transiciones –expliqué a continuación en los procesos que proclamaron su vocación revolucionarias, que se definieron como revoluciones de nuevo tipo o que incluso proclamaron el camino de un socialismo renovado y adecuado al presente siglo (Venezuela, Bolivia, Ecuador…) –aun con trascendentes logros sociales, ensayos de participación comunitaria conquistas democráticas, avances en el desmonte del neoliberalismo y recuperación de soberanía, aun con sus certeras críticas y puntuales acciones contra sectores del gran capital imperialista y local- no han  logrado avanzar significativamente hacia la abolición del capitalismo privado, ni hacia la socialización de la parte estatizada; menos aun hacia la socialización del poder en términos integrales.” (Narciso Isa Conde, MULTI-CRISIS Y NUEVAS VANGUARDIAS, pags. 21 y 22, Editorial Trinchera, Caracas, Abril 2012).

 

Y este estadio del proceso continental, en el cual junto a los grandes logros alcanzados se registra una disminución de los impulsos iniciales y de las potencialidades expansivas, le ha ofrecido en la actualidad más “chances” al contra-ataque imperialista; centrado ahora contra Venezuela, donde se ha arreciado drásticamente el plan desestabilizador, sobretodo a raíz de la ausencia presencial de quien fuera el líder carismático de esa original revolución política e inmediatamente después de una victoria electoral con márgenes mucho más estrechos que las anteriores.

 

  • Venezuela bolivariana: blanco principal-inmediato del contra-ataque y principal sujeto de solidaridad.

 

Esto nos obliga a poner en el centro de nuestra solidaridad colectiva a la Venezuela Bolivariana, merecedora con creces  del apoyo militantes de las fuerzas revolucionarias del continente y del mundo.

 

Porque tal y como se expresa en la proclama de esta oportuna Jornada Antiimperialista, que tiene por sede esta hospitalaria Maracay y como anfitriones a sus indoblegables organizaciones y corrientes revolucionarias, socialistas y comunistas, “la Venezuela de Bolívar y Chávez  ha sido la bujía inspiradora de un  camino desbrozado recientemente por la fuerza de un pueblo, que desde su nueva y original rebeldía cívico-militar, entendió que en un continente bajo dominación imperial no era posible recuperar su independencia y  alcanzar su libertad plena sin unir voluntades con las demás naciones oprimidas, camino a la Patria Grande liberada y al socialismo redentor; más aun en medio de la pertinaces y perversas agresiones imperialistas encabezadas por el Norte revuelto y brutal que nos explota y saquea.”

 

Agresiones que en esta oportunidad, por los motivos señalados, se han tornado tan intensas y persistentes como para evidenciar toda una estrategia subvertidora del proceso hacia la revolución, que precisa de una respuesta rápida y contundente.

 

Su pertinencia está dada por los desafíos propios de esta etapa crucial para nuestra América y la humanidad, y muy especialmente por lo que significa Venezuela dentro de ese contexto, tanto para los enemigos jurados de su pueblo y de todos los pueblos del mundo, como para nosotros/as como fuerzas revolucionarias.

 

La necesidad de la interrelación entre la trinchera antiimperialista venezolana y los grandes escenarios continentales y mundiales de combate por la libertad y el socialismo, se expresa con más fuerza dramática. Un enemigo común, signado por su decadencia y por la crisis integral más severa de su historia, así lo determina.

 

El sistema capitalista mundial, y muy especialmente sus centros imperiales estadounidenses y europeos, chorrean podredumbre, angurria, penurias humanas, sangre y guerra por todos sus intersticios. Y hay desafíos que el monstruo herido no perdona: ya lo vivimos con la intrépida Cuba.

 

El proceso hacia la Revolución en Venezuela –insistimos en esto para entender mejor lo que está en juego- ha sido el principal factor catalizador de la cuarta oleada transformadora por la segunda independencia continental y por la superación de la recolonización neoliberal, confabulándose reiteradamente sus enemigos para generar fascismo, planes de desestabilización, agresión y, en última instancia, intervención  y guerra, como ha acontecido en otras latitudes.

 

  • El nuevo plan desestabilizador.

 

Porque la Venezuela bolivariana ha sobrevivido con gallardía al delicado impacto de la dolorosa muerte inducida del comandante Chávez y porque desde el nuevo gobierno del PSUV y el Polo Patriótico, presidido por Nicolás Maduro, se promete lealtad al valioso legado del comandante eterno y a las luchas libradas por ese heroico pueblo desde finales del siglo XX en pro de su nueva independencia y su emancipación social, ese proceso está ahora sometido a un nuevo, agresivo y peligroso plan desestabilizador de factura imperialista, que forma parte de un contra-ataque de proyecciones continentales y mundiales.

 

“La invasión – afirma el intelectual Julio Escalona- es un hecho. Bandas de narco-paramilitares han ocupado zonas fronterizas, barrios, campos, cárceles; controlan el contrabando de gasolina, bienes de Mercal, tráfico de armas, sicariato, tráfico de drogas… Con redes “populares” lanzan invasiones de terrenos que negocian con gente pobre fortaleciendo su base social; secuestros express, motines carcelarios, guerras de pandillas, atracos, desorden urbano… La vida cotidiana convertida en un infierno. Con guerra mediática y psicológica, fomentan desestabilización, inseguridad y miedo, bases del fascismo. Con participación de fuerzas de derecha y funcionarios públicos corruptos van constituyendo un poder paralelo. Si no actuamos a tiempo ese poder proclamará a Capriles como presidente electo.”

 

Es claro que en su versión actualizada ese plan desestabilizador ha arrancado con el desconocimiento de los resultados electorales (desfavorables para las derechas), con la negación de la legitimidad probada y mundialmente reconocida del gobierno Nicolás Maduro y con la puesta en marcha de una especie de “golpe judicial” desde tribunales internacionales bajo tutela de EEUU. Tiene razón el profesor Luis Britto García cuando señala que:

 

“Barack Obama se considera con poderes para asegurar que “el pueblo de Venezuela pueda determinar su propio destino libre del tipo de prácticas que todo el hemisferio ha dejado atrás”, y no reconoce el triunfo de Nicolás Maduro. El candidato derrotado introduce demanda de nulidad ante el TSJ, y en prueba de que no respeta al CNE ni tampoco al más alto juzgado de la República,   de una vez declara que  “Si estos magistrados no quieren responder vienen las instancias internacionales”. Son las mismas que invocó el golpista Carmona Estanga en el decreto con el cual derogaba la Constitución  ¿Habrá mejor sitio para acudir que ante instancias financiadas por Estados Unidos?”

 

El plan avanza aceleradamente en dirección al llamado golpe judicial, modalidad ya ensayada en otros países por EEUU y sus aliados para sentar las llamadas “bases jurídicas” de la desestabilización.

 

Pero ciertamente incluye también persistentes programas de desabastecimientos,  trajines paramilitares y conspirativos de la reacción interna, activación del para-militarismo colombiano al interior de Venezuela y de las movilizaciones sediciosas,  el contubernio de Capriles con las fuerzas del guerrerismo colombiano y las iniciativas del naciente neo-fascismo alimentado por la lumpen-burguesía venezolana. Todo esto apuntando a subvertir las instituciones vigentes, a imponer un gobierno de derecha y a extender el contra-ataque a todos los procesos autónomos de la región, no subordinados a los designios imperiales.

 

  • Más allá de la Patria Chica

 

Venezuela es el blanco principal inmediato de ese plan imperial, precisamente por su condición de pionera y de factor impulsor de la cuarta oleada destinada a desplazar a EEUU de su proclamado “patio trasero”. Pero en verdad la teoría del dominó vuelve a acariciar la cabeza tozuda del Tío San: después vendrían Ecuador, Bolivia, Cuba, Nicaragua…

 

No olvidemos, además, la siembra de bases militares en Colombia de cara a la acción contra-insurgente en ese hermano país, a la reconquista de Venezuela y al control militar de la Amazonía, de su petróleo, su gas, su agua, su biodiversidad, y al asalto a mano armada de los minerales estratégicos presentes en la región.

 

Porque ciertamente esa contraofensiva de la gran burguesía transnacional trasciende las fronteras venezolanas y está presente y activa, con gradaciones variadas, contra todos los países del ALBA y más allá: contra todo el proceso hacia la segunda independencia continental, no importa su profundidad en cada caso; caminando parejo a otros contra-ataques similares en Asia, África, Medio Oriente y Europa, y coincidiendo con el plan de agresión a Siria después de perpetrada la masacre y la toma militar de Libia por EEUU y demás miembros de la OTAN; agresiones éstas que sirven de modelo al actual plan contra Venezuela y nuestra América.

 

Porque la apuesta imperial –en el contexto de la multi-crisis crónica del sistema capitalista- es a la derecha dura, a la recolonización monda y lironda, a las agresiones multifacéticas (directas e indirectas) de ablandamiento y desgaste, a la ocupación de territorio con sus tropas y al empleo brutal de su decadente poderío para chuparse sus riquezas.

 

Esto amerita un persistente concierto de movilización interna en Venezuela como país altamente amenazado y de una activa y creciente solidaridad mundial, que deberá coincidir con el avance en grande del torrente transformador colombiano (país vecino y plataforma de la CONTRA venezolana-estadounidense), hasta derrotar políticamente esos funestos designios.

 

De lo contrario, si en Venezuela y en los demás procesos transformadores no hay una victoria política rotunda, lo que implica liquidar el fascismo que intenta levantar cabeza y profundizar las transformaciones emprendidas, y a la vez exige una rápida ampliación de la participación popular y una intensa solidaridad continental y mundial, habrá agresión imperialista en grande. Primero contra en Venezuela y luego contra los demás procesos.

 

En el caso venezolano comparto además la opinión del apreciado camarada Amilcar Figueroa cuando expresa al final de su interesante artículo titulado “EL DESAFÍO BOLIVARIANO” que “la derrota del fascismo condición vinculante al reimpulso de la lucha socialista pasa también por el golpe de timón que priorice el relacionamiento de la dirección con el pueblo trabajador, emprenda una rectificación más allá de los aspectos operativos, que se desate además  una batalla frontal contra la corrupción y otros vicios que mellan la profundidad del proceso. En fin, sólo la consolidación del poder popular, el desarrollo permanente de la teoría revolucionaria, el impulso de una economía productiva crecientemente comunita risada, en medio de un fuerte debate de ideas que apunte al fortalecimiento de la conciencia marcará el punto de no retorno, el triunfo del socialismo.”  (ABRENTE, mayo 2013, periódico de los comunistas de Galiza).

 

Es claro que en situaciones así, el camino hacia una victoria política contundente y en buena medida irreversible, implica combinar la resistencia y el propósito de derrotar el retroceso fascista con la profundización de transformaciones antiimperialistas y anticapitalistas; implica, en otros términos, defender a muerte lo conquistado y avanzar con firmeza hacia el poder popular y el socialismo participativo y autogestionario.

 

  • Nuevas dinámicas esperanzadoras.

 

La ola, pese  a las inflexiones señaladas, sigue activa.

 

En muchos países de continente, incluida la República Dominicana, la voracidad de la gran burguesía transnacional sobre nuestros patrimonios naturales, la ocupación de nuestros territorios a través de concesiones mineras y de todo tipo… los peligros que asechan al suelo, al subsuelo y al sobresuelo de nuestras naciones a partir de las invasiones de las corporaciones imperialista del oro, la plata, el cobre, el litio, el titanio…la apropiación de las principales fuentes de agua y de biodiversidad…está generando resistencias y rebeldías esperanzadoras que se suman al contante batallar por la vida que nos imponen los reciclajes mortales de la políticas neoliberales en el contexto de una crisis sistémica prolongada y ascendente.

 

La ola desciende en un punto y emerge en otro.

 

Colombia se mueve mucho más que antes. La insurgencia recobró fuerza, pese a todos los vaticinios oficiales de descenso y de derrota. Las FARC-EP y el ELN, no solo no han podido ser derrotados como ejércitos populares, sino que lograron desarticular el Plan Colombia, convertir reveses puntuales en victorias, crecer militarmente y fortalecerse políticamente.

 

A la par de esos fenómenos, la emergencia y el despliegue de poderosos movimientos sociales y políticos-sociales, entre los que se destacan MARCHA PATRIÓTICA y la confluyente RUTA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES, ha producido un significativo cambio en la correlación de fuerzas a favor de las izquierdas y centro-izquierdas, forzando a la dividida derecha colombiana, no sin la disidencia y la resistencia feroz de su facción guerrerista-uribista, a abrirle espacio a la salida política al conflicto social armado, en condiciones en que solo con un cambio hacia la verdadera democracia, la soberanía y la paz el mismo podría concretarse.

 

La agenda de la paz con dignidad y la propuesta de una nueva Colombia se ha convertido en pocos meses en la agenda nacional, lo que indica que cual que sea la postura final del gobierno colombiano frente a los diálogos, la posibilidad del viraje de ese país hacia la democracia, la independencia y la soberanía nacional se habrá de potenciar y acercar. Y esa dinámica, más aun un cambio político que implique el desplazamiento de las derechas en el poder, tendería a imprimirle nuevas energías a esta cuarta oleada transformadora.

 

Otros puntos importantes son Honduras y El Salvador. Honduras, donde la resistencia popular pudo ser contenida, pero no abatida por la brutal represión, ahora ha vuelto a resurgir con nuevos bríos en el escenario electoral y en el de los combates sociales; mientras sus vecinos salvadoreños del FMLN se aprestan, después de las inconsecuencias del Presidente Funes, a ir a los próximos comicios con su propio rostro y con más voluntad transformadora.

Atención, pues, al necesario despliegue de solidaridad con la Venezuela bolivariana, con las trascendentes peleas pendientes en Honduras y El Salvador, y con las nuevas rebeldías político-sociales frente al vil saqueo transnacional, a los empobrecedores ajustes neoliberales, al latrocinio de las partidocracias y a la impunidad que las protege en todos los países dominados por las derechas y sometidos a la expoliación imperialista. ¡Hacia la nueva democracia y el socialismo, hacia la Patria Grande liberada

Jornada Antiimperialista-Maracay, Venezuela 23 y 24 de mayo del 20013.

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